Los títulos son importantes. Sí lo son. Punto.
Entre tener un título de bachillerato y no tenerlo... prefiero tenerlo.
Entre tener una carrera y ninguna... prefiero tener una carrera.
Entre tener un máster o maestría y ninguna... prefiero tener un máster.
Entre tener un doctorado y ninguno... prefiero tener un doctorado.
Entre tener cualquier de estos títulos A EXPENSAS de vivir conforme a mis prioridades y valores, gracias pero si es así NO necesito título alguno.
Los títulos implican exámenes y pruebas. Y la cuestión no es si los títulos valen o no valen la pena. La cuestión es si merece la pena toda la preparación y exámenes que conllevan. El cuándo, cómo y por qué nos sometemos a ese proceso y exámenes que nos harán obtener los títulos es la cuestión a analizar.
| Imagen de Discovery Education |
- Tus hijos van a un colegio o centro. Pues ya sabes lo que hay. El sistema es el sistema. Cada colegio o centro tiene sus exámenes y pruebas, sus requisitos y requerimientos para pasar de año. Cómo los sufran, toleren, o disfruten tus hijos, será algo diferente para cada niño y familia y también variará dependiendo el colegio o centro. Los hay que no tienen pruebas, otros que hasta empujan a los adolescentes al suicido con su tren desenfrenado de calificaciones y puntajes. Piensa y decide consecuentemente dónde vas a tener a tus hijos en función de qué importancia y peso le den a los exámenes donde asista o le des tú mismo a los exámenes, y por supuesto cómo entiendan o entiendas la educación en la modalidad que hayas escogido.
- Educas en la casa. Aquí los escenarios se multiplican dependiendo del país o estado donde vivas.
Hay países donde no hay opción a exámenes libres, y me consta que muchos trabajan para cambiar esta realidad y se vuelven creativos a la hora de que sus hijos obtengan sus merecidos títulos de secundaria cuando menos.
Hay estados y países donde existe la posibilidad de tomar exámenes libres para certificaciones como secundaria. Y otros en que hay algunos exámenes obligatorios pero también en algunos puedes, si quieres, administrarlos tú en casa en lugar de llevarlos a un lugar a que los tomen. Pues lo mismo. Piensa cuándo y por qué quieres que tus hijos los tomen, y en consecuencia somete a tus hijos a los exámenes. Claro que también puedes ignorar los exámenes, al menos por un largo espacio en la vida de tu hijo, y en muchas ocasiones decidir a qué edad y con qué finalidad les animarás o prepararás para que los presenten o incluso los querrán presentar ellos.
Hoy mismo en la biblioteca ví una mesa con un cartel de preparación y administración gratuita del SAT previo registro. El SAT es un exámen de secundaria, de sexto en adelante. Muchas universidades piden determinados puntajes en las distintas áreas que se miden en este exámen estándar.Charlotte Mason considera que la narración es el mejor método de examinación. Estoy de acuerdo. No obstante algunas familias homeschoolers exponen a sus hijos a exámenes del tipo de los que hay en los colegios para que estén familiarizados con ellos. ¿Por qué no?
Es normal si hemos tenido a los niños en el colegio o escuela y ahora los educamos en casa, que nos preocupen los exámenes. Finalmente queremos que tengan opciones y sabemos que los exámenes son a menudo las llaves hacia las puertas de títulos y demás. Pero si tu país tiene pruebas libres a la misma edad de los niños escolarizados de acceso universitario, puedes respirar. Y si cuando estén en edad de secundaria quieres plantearte la cruzada que conllevan estos exámenes, ánimo. De momento disfruta de educarte con ellos y de poder tener una vida sin exámenes por un tiempo. Y lo dice una madre que de vez en cuando mira algún que otro examencillo de mates o lo que sea, porque también soy humana y mis hijas no tienen el concepto de suspenso o sobresaliente. A la mayor la presenté con una prueba de Singapore Math. Es una orientación simplemente. Aquí parece también que hay prácticas gratuitas del famoso SAT. Aquí también están algunos exámenes de años anteriores del TASK, el exámen de Texas de tercero a quinto. Luego hay quien paga otras pruebas cada año, cada dos, desde tercero, desde quinto... y te llega el exámen, lo administras como te dicen, lo mandas a que te lo evalúen (está incluido en el precio), y te vuelve a llegar con el análisis de cómo puntuaron en cada habilidad y en cada materia.
¿Qué importancia le das a los exámenes?
La diferencia es que hay aquellos que tienen el examen como meta, para quienes pasar las pruebas, empollar (cram), puntuar lo más alto posible (incluso recurriendo a la compra de exámenes), es su vida. Y luego están aquellos a quienes los exámenes no les quitan el sueño. Y me consta que hay familias que educan en casa totalmente volcadas hacia las calificaciones o notas y puntajes y exámenes, como hay centros educativos que no llevan un sistema de exámenes tradicional. Y como en todo, entre medias, hay de todo un poco.
Piensa y decide qué lugar y relevancia quieres que tengan o no tengan los exámenes en tu situación. Si tienes que o mejor dicho, si tienen que tomar exámenes tus hijos, prepáralos lo mejor que puedas buscando inteligentemente que los aprueben sin que te esclavicen tu forma de entender y desempeñar la educación en tu familia.
Si puedes ignorarlos, o al menos durante los años de primaria, piensa en las ventajas que esto conlleva, sin dejar de perder oportunidad para que tus hijos conozcan de qué van y en qué consisten. A los niños les gusta demostrar lo que saben, y también ver lo que preguntan, lo que desconocen. Los exámenes son parte de nuestra cultura y en ocasiones son el requisito para algo deseado. Hay pruebas como para obtener el carnet o licencia de conducir, exámenes físicos médicos, exámenes para ver en qué nivel te corresponde entrar en clases de natación, deporte, música... Pero sobre todo no dejes que los exámenes esclavicen tu vida o te hagan pensar sobre tu hijo en términos como avanzado, retrasado, excelente, mediocre...
Si lo miramos con calma e inteligencia, qué estupendo es no tener que educar a nuestros hijos haciendo de esta parte de nuestra vida y cultura la meta más importante, y qué tanto mejor no reducir el valor de nuestros hijos al resultado que saquen o no en estos exámenes a lo largo de su vida. Pero cuidado, muchas veces decimos que no nos importan los exámenes y pruebas y luego mandamos otro mensaje con nuestras acciones y comentarios.
Como dice Charlotte Mason, la última preocupación del niño ha de ser cómo va en sus estudios. El niño merece y debe disfrutar su aprendizaje. De hecho sus escuelas examinaban con narraciones escritas y orales, y esas semanas al final de cuatro meses o así, eran ocasión de gozo, de compartir y mostrar lo que los niños sabían. Como también dice, el adulto que aspira al aprendizaje como fin en sí mismo, también es muy capaz de ganarse la vida con aquello que sabe hacer o que aprende llegado el caso. Y yo añado que el niño que crece sin que le arruinemos su amor por aprender, por ende también aprueba y pasa los exámenes que necesita cuando lo necesita.
En mi caso si mis hijas pasarán los exámenes que convenga hacer y quizá otros no, pero si así es, sé que tendrán el valor y la sabiduría de volverlo a intentar o de cambiar su rumbo cuantas veces necesiten hasta llegar al destino anhelado y sobre todo, que no dejarán que el pasar o no pasar un exámen defina quienes son y cuánto valen.
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