Wednesday, May 16, 2012

    Cáncer (cómo nos afecta a todos)

    ¿Te ha impactado el título? Si es así, quizá sea porque eres joven o porque aún el cáncer no se ha presenciado en tu radar vital. Así vivía yo hasta hace dos años, en la dulce ignorancia. Pero un día entró en órbita y con ganas. Tanto es así que ya no quiere salir. No porque me haya afectado a mi directamente, sino porque está a mi alrededor. Así que hoy he decidido hablaros de él, y hablarle a él. Y es que el cáncer no es algo de lo que muere la gente, sino con lo que vivimos todos. Es una lotería a la inversa en cuanto al premio gordo, pero a todos nos cae un segundo o un tercero.

    Muchos cristianos como es mi caso, no pensamos que seamos un cuerpo con alma,  sino más bien que somos un alma en un cuerpo. Y si el cáncer, que a todos nos ataca, arraiga en alguno de nuestros cuerpos, lo padecemos pues en cuerpo y alma algunos, otros en nuestra alma sólo, pero la carga la llevamos por momentos, más a diario o menos, más pesada o menos, en un principio todos. Claro que no puedo robar de la fuerza y coraje que supone llevarla al que la vive en cuerpo y alma. Eso es un ejemplo ante el cual sólo podemos admirarnos y agradecer tenerlo presente.


    Todos entonces tenemos personas en primera fila de batalla viviendo con cáncer, cuando son padres, hijos, cónyuge... o en segunda, familiares como tíos, primos, sobrinos, o en tercera, o quizá no haya números de filas, porque la cercanía o lejanía depende del lugar que el individuo inmerso en el ciclón que supone este lío de células nos asigna. Puede querernos dar entrada o proximidad como puede alejarnos un poco o del todo. Y no creo que sea porque no nos quiere cerca, es que los cálculos después de que cae la bomba se hacen de forma personal y privada, y podemos ser llamados a trincheras o no. Pero si no lo somos, hay una función muy importante para todos nosotros. Siempre podemos apoyar, si no a quien tiene la nube sobre la cabeza, al que ayuda al que la tiene, y formar una cadena en que todos nos ayudemos a seguir la marcha.

    Lo importante, nos cuentan los sabios, es no dejar de correr. Si estás avanzado, baja el ritmo y llama a los rezagados. Si estás rezagado, escucha a los que te llaman, dale como puedas, corre con el alma si no se mueven tus pies, pero no te quedes bajo la nube.

    Hace poco leí que el que vive con cáncer no quiere sentir el vacío. Muchas veces nos callamos porque no queremos decir la palabra con la C, o no queremos meter la pata. Bueno, pues oído por alguien que está inmerso en esto, mejor meter la pata que no decirles nada e ignorarlos. Al fin y al cabo, como digo, todos vivimos con cáncer, no es algo a callar, ni menos a ocultar bajo la alfombra. Me dicen que también quieren oir de nuestros problemas o preocupaciones. Pero nos debería ayudar a recordar este dichoso cáncer, que todo o mucho de lo que nos pasa es lo mismo, que lo que nos separa es CÓMO decidimos vivirlo, contarlo, y qué actitud tomemos. Que berrinches y depres nos las llevamos todos, unos con razón otros de una forma bochornosamente injustificada, pero que lo que nos diferencia es, tras el bajón, ¿ahora qué?  Ahora lo dicho, a seguir moviéndonos, aunque sean pasitos estilo Muñecas de Famosa, que lo importante son las zambombas, eh, no hay que perder el ritmo.

    El cáncer nos cambia. Nos debe hacer a todos más fuertes, porque hoy estamos aquí, mañana allá. A todos nos toca, que no te intimide. Hoy hemos escuchado nuevamente a mi predicador dar gracias por nuestras oraciones, tarjetas de ánimos, y comentarios. Su cáncer nos tomó a todos por sorpresa. Hace seis meses le dijeron que tenía SÓLO unos días de vida. Hoy por hoy vive con cáncer y éste le ha dado seis meses difíciles pero de gozo y de confianza renovada en Él, que nos inspira y mueve a todos nosotros a su alrededor.

    Al principio me extrañó todo, no salía de mi estupefacción, todo se volvió cancer, en la vida, en la internet, en la distancia, de frente... Comentaba con amigas cómo podía ser que tantísima gente a mi alrededor atrapados con este dichoso huésped que entra sin ser invitado. Luego me dí cuenta. Siempre ha estado aquí, está aquí. Agradezco aquellos que lo tienen que atender y sufrir y si es posible despedirlo para siempre, porque nos hacen comprender. Para mí este entendimiento supone darme cuenta de que no estamos aquí para siempre. Que este mundo no es nuestro destino final. Qué le voy a hacer, creo en Dios, no es plan de estar siempre viendo señales en cada vuelta de esquina y decir como siempre que todo pasa por algo... sí, claro, pues que le pase a otro, es lo que pienso. Claro que todo pasa por algo, no vayas a decirle eso a alguien que acaba de tener un diagnóstico propio o cercano, o a alguien que lleva ya en esto mucho tiempo. Es como cuando nos viene una pérdida de un hijo en el vientre que no llega a ver la vida o sólo por unos minutos o segundos, o perdemos el trabajo, o sufrimos un accidente, o cualquier enfermedad. Escuchar que todo pasa por algo así a palo seco, pues no ayuda. Pero puede ser un principio de conversación, que no se quede ahí sólo. No sé. ¿Y tú? ¿Cómo llevas tu cáncer?



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