Wednesday, April 20, 2011

    La reflexión de Marvan

    Esta mañana acabo de leer lo escrito por Marvan sobre pedagogía y sus hijos y también quisiera compartiros algo.

    Cuando vemos los blogs de otras familias es normal que idealicemos. Incluso podemos meter la pata como fue mi caso porque viendo el blog de Marvan no es en absoluto nada que salte a primera vista el que su hijo mayor tuviera esa experiencia en el colegio, ni que ambos tengan esas condiciones, QUE NO ENFERMEDADES. Bien al contrario, prueba es que se muestran como niños con muchísima inteligencia y talento. Y es que eso del ADHD y la dislexia etc, son algo problematizado en las escuelas, que es donde muestran un inconveniente.

    Al igual que Marvan yo también fui maestra. Vine a Houston a dar clase a niños que llaman bilingües pero que no son otra cosa que hispanos. Muchos no hablan ni una gota de inglés, otros hablan un español quebrado (no que mezclen, lo cual es normal en edades tempranas, sino más bien que tienen un vocabulario y experiencia con el mundo muy pobre). La pobreza de las familias no es económica (que a veces también lo es), tanto como mental y emocional. Eran muchos de mis estudiantes niños de familias donde no se leía, no se salía de vacaciones, donde sólo se les dejaba en la calle o frente al televisor, y con muchísimos problemas emocionales. Los barrios donde vivían incluso consistían en familias que se casaban entre ellas, con múltiples hijos de diferentes padres, incluso incestos, el abuso era algo bastante normal, y los niños no encajaban en absoluto en el sistema donde otros niños llegaban sabiendo las letras, escribiendo su nombre, y habiendo visitado la biblioteca desde bebés. Aunque tengo que decir que en las clases de los llamados "regulares" (qué término tan horrible,  ¿verdad?, porque si los otros son regulares nosotros qué éramos, irregulares) también había muchísimos problemas de ADD y ADHD, y dependiendo la zona igual había niños de familias rotas.



    Bueno pues en el programa regular también había niños hispanos. Muchos padres no querían la educación bilingüe porque pensaban que los retrasaba y no les hacía aprender inglés. Otros porque habían perdido el español, la familia se había integrado al inglés, y se sentían en su derecho como otro niño anglosajón. Porque Texas es hispano también, y el Texmex o Tejano Mexicano también tiene derecho a esta tierra. Si bien debo decir que este grupo tiene una crisis de identidad fuerte porque la apariencia de muchos lleva a otros tantos a asumir que hablan español y no es el caso, y muchos tienen a su vez un inglés peculiar que está visto de segunda clase también. En otras palabras, la discriminación la viví de la mano de mis estudiantes, y el rechazo de la mano de los maestros hispanos. Para los "gringos" mis niños representaban la escoria. Bajaban los resultados, traían piojos a la escuela, las escuelas que acogen el programa biligüe hacen que baje el valor de la vivienda, y en una palabra, les aguábamos la fiesta. Para las maestros gringos, el que personas que hablan inglés con acento y no fuéramos criadas en USA estuviéramos dando clase, y que encima cobráramos mil dólares más anuales en concepto de estipendio por manejar dos idiomas era un abuso. Y las comprendo. Llegamos de extranjeros y el sistema nos dá más que a ellos que llevan una vida pagando impuestos. Así es como lo ven. Ellos no saben la esquizofrenia y total sacrificio que es manejar dos lenguas, asesorar a las familias en miles de asuntos (de inmigración, cómo rellenar formularios, cómo leer a los niños, cómo deshacerse de piojos, traducir, tratar de que los niños que vienen cuadrados entren en el molde redondo sin dañarles en el proceso). Y para las maestras Tex Mex, éramos las presumidas de que nuestro español era perfecto, las que veníamos a enseñar a su "raza" cuando ni comprendíamos los problemas y rechazos a los que muchos especímenes ignorantes y que esconden su inmundicia en la violencia del sentirse superior les someten.


    Pero está la labor individual que uno hace poco a poco. Y a parte de anécdotas mil, lloros un mar, noches de insomnio, y aprender a golpes literalmente, cultivé amistades, recibí reconocimientos, me convertí en una "buena maestra" según los padres y directivos de los colegios donde enseñé, o eso creía yo. Como dice Marvan, leía, me informaba, íbamos a cursillos, aprendíamos a manejar a diferentes niños, pero a mí me rechinaban muchas cosas. Por ejemplo, en los cursillos te decían que podías enseñar y ver lo que un niño sabía mediante canciones, que había que entender e integrar otras inteligencias, no solo la lógica matemática o la representada por la escritura y lectura, sino la emocional, la musical. Sí, muy bonito, pero el exámen seguía siendo con papel y lápiz, y se requerían no sé cuantos grados o notas por cada materia que tenían que ser en su mayoría y desde primero de primaria avaladas por un test o examen en un papel.

    Y luego vino mi experiencia con niños ADHD. A costa de jugarme mi puesto, a dos madres desgarradas y aterradas ante el veredicto del sistema y doctores de que tenían que medicar a sus hijos, yo les dije que NO. Que en lo que a mí respectaba yo no iba a decir nada, que por mí seguiría teniendo al niño como era. Claro que años después me encontré con una de las madres y le había dado medicina a su hija. Me dijo que en el verano y vacaciones se la cortaba. Otros compañeros me decían qué bueno el cambio de los niños con la medicina. Algunos con hijos, otros no, pero pienso qué horroroso que puede ser el que no vean más allá de sus ojos y que les parezca bien que tomen unas medicinas que a algunos niños les lleva a tendencias suicidas y a otros los convierte en zombies. Eso sí, zombies que pasan los exámenes.

    Para mí esto seguía siendo lo que les pasa a otros. Mis hijas iban a ser, tachán tachán, pues no menos que genios, ¿no? En un principio pensé como muchos de mis amigos maestros que ellas irían al programa "regular", claro, porque el español ya se lo enseñaría yo en casa. Pero pasados dos años, y a fuerza de muchas tardes explicándole a mi esposo el asunto, decidimos que por coherencia y convencimiento, nuestra prole iría a clases bilingües. A mí me pareció que la riqueza que aportan los niños hispanos y la experiencia de ver esa diversidad es inmensa. Pero claro, como era maestra de kinder y primero, iba a poner a mis hijas en mi clase o en clase de los que pasaran mi "inspección". Y como Marvan, nuestra vida iba a ser perfecta.

    Pero al tiempo la idea de estar con mis hijas y retirarme de las aulas se fue convirtiendo en la idea de educarlas nosotros, al fin y al cabo era maestra, ¿no? Y el ver a una familia de amigos que educaban a sus hijos en casa, lo sociables y maduros que los veía, y lo despiertos también intelectualmente, nos llevó a pensar que esto no era cosa de locos sino algo viable.

    Según yo sabía todo de literatura infantil, de enseñanza, de educación... ¡Qué equivocada! Mirando atrás me siento un poco ridícula. No creo que fuera buena maestra. Los niños eran buenos niños, se adaptaban a lo que les proponíamos, y un gran número debido a su personalidad y con el entrenamiento para adaptarse al colegio que ocurre día a día en el mismo, respondían. Pero qué tristeza cuando recuerdo los niños que desfilaron por mis aulas. Y ADHD no fue el gran problema. En mi primera clase tuve un niño hijo de drogadicta que tenía uno de esos monitores en el tobillo, reclusa en casa mediante el monitor, otra que había sido violada por el tío, cuya casa se había incendiado (creemos provocado), otra cuyo padrastro la quemaba con cigarrillos, las encerraba y les daba frijoles hirviendo a ella y la hermana para torturarlas, otra cuya madre divorciada recibía "acompañantes diversos" en las noches y otras en las que se me dormía porque la pachanga en su casa había durado hasta las tantas... El peor caso fue el de la niñita que vino de Nueva York cuyos padres metidos en problemas de drogas, había visto morir de un balazo a su madre que sostenía su hermanita bebé, a la que agarraba de la mano un domingo camino a la iglesia... Y no vayáis a pensar que trabajaba en escuelas especiales, NO. Esto es muy normal. Luego está la otra realidad. La de los padres profesionales que abusan a sus hijos de modo que no deja huellas visibles. Quieren que sean los mejores de la clase, te mandan correos y dejan mensajes porque el niño sacó un 97 y está bajando en los grados o notas. La de los que quieren no que eduques a su hijo, sino que lo idolatres. Y los niños, por supuesto, son un caso horrible de prepotencia, mal criados e insolentes, todo por la educación que les dan los padres. Pero claro, ellos pasan los exámenes, y son intocables. De hecho sus padres te pueden y te llevan a corte, sí. Acampan en la oficina del director.

    Así que eso es lo que hay por aquí. Y ¿no sería bueno que mis hijas estuvieran expuestas a todo esto en el colegio? Pues pueden estar expuestas no yendo al colegio en igual o mayor manera. Mi vecindario tiene gente de toda clase y color, y mis hijas tienen amistades en todos los grupos sociales. De hecho mis hijas no conocen colores. Desde que son bebés han visto una fauna (de la que sus padres son los primeros especímenes raritos, ja ja ja) desfilar por casa, y al igual visitamos. Houston tiene una población muy pintoresca y variada. Por dar un ejemplo, han desfilado por mi casa una peluquera dominicana negrita enorme, con una alegría tan grande como su tamaño, que pasó varios días en casa mientras le rellenaba los papeles para la ciudadanía y green card en casa.Ilegales, millonarios, gente de todos los continentes y edades a quienes invitamos a comer, con quienes vamos al parque, a quienes he fotografíado, hemos rellenado papeles. Amigos con hijos adoptados de otras razas, de la misma. Gentes de diversas religiones (una vez tuve a una mami musulmana de las que van tapadas de la cabeza a los pies, que vino a comprar algunos libros que vendía con sus niños con los que jugaron mis hijas, como siempre). Cuando los tejados se nos volaron con IKE, los vecinos del Salvador se subieron a parchear nuestro tejado. Al otro día mi amigo gringo y un amigo de él, señores de oficina y carrera, también se subieron con mi marido al tejado. Un día que fuimos a comprar libros a casa de una señora que educó por un año a su hija, cuando llegamos era la casa un estercolero, la señora obesa mórbida. Pero saben qué, a mí no se me movió ni un pelo. Mis hijas escarbaron con la de ella en el suelo que no podía ver ni el color, y encontraron unos caramelos con envoltorio que se comieron ricamente mientras charlaba con ella, muy agradable e inteligente, por cierto. Y yo tratando de controlar mis ojos que se me iban a un bote enorme de jeringas, porque claro, era dependiente de la insulina.

    Digo esto porque la escuela no es necesariamente un lugar donde uno se expone a diversas creencias y a la diversidad de la sociedad, bien al contrario yo he vivido las escuelas como un foco de marginación y he visto cómo somos los padres los que inculcamos respeto o falta del mismo en el hogar, y los niños lo traen y esparcen en los colegios, o lo enseñamos implícitamente los maestros por igual. Lo que pasa es que precisamente el que muchos niños sean respetuosos y aprendan en las escuelas no es precisa o necesariamente mérito de las mismas, sino de las familias, y sí, también de aquellos profesionales que trabajan contra viento y "sistema".



    No comments:

    Post a Comment