Pienso que muchos de quienes educamos en casa por lo que he vivido en experiencia directa con familias de amigos y conocidos (pero sin ser exclusivo nuestro ni de ningún colectivo) tenemos esta filosofía de aprovechar recursos, vivir del trueque y de las cosas usadas, y reparar antes que reponer, buscar la manera de usar lo que tenemos antes de comprar, y no guiarnos por las modas, marcas, lo nuevo, lo más destacado o con más brillo y campanas. Por ejemplo, hace poco he visto el blog de una mami homeschooler, Nadine, que cuenta cómo ha actualizado su ordenador dinosaurio. Hace poco una amiga maestra me contaba cómo había arreglado una impresora del distrito escolar que iban a tirar, por sólo 13 dólares que le costó una pieza y algo de tiempo en investigar lo que podía ser la razón de que no funcionara, lo que me pareció semejante aunque en menor escala a lo que cuenta uno de estos documentales del decrecimiento sobre Sergi, el ingeniero que durante el documental está tratando de reparar su impresora.
En mi caso no compramos juguetes, ropa ni zapatos a las niñas, nos servimos de lo que nos pasan de amiguitas mayores que dejan muchas cosas muy nuevas, y a la vez pasamos a otros todo lo que podemos. Los regalos de cumpleaños que damos suelen ser libros o artículos usados y buscados con mucho amor y tiempo (lo cual me distrae y me encanta), cositas pequeñas hechas a mano, etc. Yo compro mi ropa y zapatos en las tiendas de Goodwill, a las que dono lo que no me sirve o no he utilizado en algunos meses, o mis amigas me pasan ropa que no les queda. Esto si me viérais las pintas no tendría ni que decirlo, je je je. Igual con los muebles, y entre amigas nos intercambiamos cosas para el hogar, o las regalamos o adquirimos en las ventas de garaje. Pero incluso esto no es algo que hago todo el tiempo, porque uno se puede volver igualmente muy consumista con estos lugares por ser baratos, y termina comprando lo que no necesita por el hecho de que le parece todo una ganga. Yo no he tenido adicción a las tiendas del dólar, he tenido otras pero esas no os las cuento. (Ahora os tengo a todos pensando, pero no, no soy ninguna Matahari misteriosa, simplemente una ex-fumadora, pero no lo quería decir por como está el panorama en Spain). Y con los libros usados podría fácilmente caer fácilmente en la compra compulsiva si no me cuido. Claro que mis nueve meses en Guadalajara, México, me hicieron callo de compradora de "ventana" (vaya, queda muy raro lo del window shopping traducido), en una mejor traducción, mirona de escaparates, porque no podía salir con nada más que un paquete de chicles a lo sumo de las "farmacias" que son más bien una tienda de todo un poco...y no, no creáis que me llevaba otra cosa. Que hablando de farmacias y adicción no me puedo quitar de la cabeza que mi querido Sherlock Holmes fuera un cocainómano que se inyectaba la droga, además del vicio del tabaco de pipa, pero eso no me causa el desasosiego que siempre me dieron las drogas de jeringa en particular.
Vovliendo al "grano", NO, no soy una mamá granola, no tejo los jerseys de mis hijas (pero simplemente porque no sé tejer), mi pan no es todo casero, mis verduras no son orgánicas ni todas de mi propio huerto, pero SÍ, si hacemos de vez en cuando pan casero, y este otoño invierno hemos comido muchísimos panes de plátano con una receta riquísima y fácil. SÍ tenemos algunas cositas en nuestro patio trasero de las que disfrutamos (higos, mandarinas que acabamos de plantar, habas, cebollas, hierbas, okra, etc.) Y no gastamos en currículum porque por suerte tengo el tiempo para elaborar nuestra propia mezcla de lo que nos gusta y con muchos recursos gratuítos. Pero sí, padezco de overachivitis (de overachiever, o el que intenta destacar en todo), y seguro que soy neurótica y perfeccionista, además de obsesiva compulsiva y mil cosas más, pero estoy intentando con el corazón reirme más de mí misma, y para que veáis que voy en serio, os doy permiso para que me tiréis tomates internéticos anónimos.
Claro que todo tiene su intríngulis, hay una forma de ser frugal que sólo los pudientes pueden permitirse. A veces mi mismo blog me da "asco" en este sentido. Lleno de fotos presumidas, y por favor, no lo toméis como ofensa, pero muchas veces siento que es muy superficial mi misma mirada de la vida, con los juguetes de materiales reciclados o como antaño, la comida orgánica, las cosas hechas a mano... Como os digo siento que en nuestra opulencia volvemos a lo que idílicamente interpretamos como frugal, natural, ecológico, orgánico, mientras el pobre en los países denominados ricos, lo es de mente y recursos, y está esclavizado a las marcas para "mostrar" posición social, come todo lo empaquetado porque no puede permitirse lo orgánico, y compra los juguetes de plástico que son más baratos que los "vintage". Por no hablar del pobre en país pobre, ese a veces lo hayamos en la tragicomedia de un atuendo moderno, como una camiseta y unos bermudas, con agujeros, y subsistiendo de lo poco que tiene o de lo que en nuestra grosera abundancia le hacemos llegar, entre montañas de basura tecnológica con la que hemos llenado sus ríos y paisajes.
Me gusta lo de crecer en áreas que no producen deterioro ni gasto, como en CRECER EN LAS RELACIONES con otros, o el ocio no consumista del que hacemos uso en todo parque y actividad que no requiere gasto o no basado en el consumismo. Vaya, tenemos MUCHÍSIMO campo para crecer, pero más camino para DECRECER, aunque parezca extraño.

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