Comentando en el blog de Meni acerca de cómo siempre vemos los demás blogs y nos sentimos muy pequeñitas en comparación, le decía que éramos sencillas por fuera pero con una vida rica interior, algo así como la protagonista de una novela titulada PERLAS FALSAS de una autora venezolana que aún no he leido pero que me comenta mi amiga Claudia que la protagonista es un ama de casa que puede aparentar ignorancia pero cuyas apariencias son engañosas. Algo como la portera de "La elegancia del erizo" de Muriel, que en su portería leía filosofía y veía cine japonés pero que se presentaba ante los inquilinos como la personificación de una persona palurda (corriente, de 'pueblo'). (Si no lo habéis leido todavía os lo recomiendo). Y Meni me responde que no, que no somos perlas falsas sino cultivadas. Literal: "Y no, nosotros somos perlas cultivadas, las falsas son las otras!! que todo es fachada y a veces están vacías por dentro (esto lo necesito para matar al bicho, ains)." Pensé que la analogía de perlas cultivadas, auténticas y falsas podía ser un buen tema para un artículo y aquí lo tenéis.
¿Quienes son las perlas falsas?
Son las más fáciles de identificar. Las vemos en fiestas, reuniones, en la tele y las revistas. Están en todas partes, como el plástico sus colores atraen a niños y mayores, su belleza es pasajera. Pronto las vemos en los titulares como ajadas, abandonadas en algún cajón con somníferos o pastillas de todo tipo. En el fulgor de las luces de candelera, o a la luz de la luna son vistosas, nos atraen y hasta se nos escapa un suspiro medio envidioso. Hay veces en que deseamos ser perlas falsas porque viajan por el mundo y visitan los tocadores y mesillas de muchos hoteles y lugares exóticos y son admiradas por muchos. Pero las perlas falsas no frecuentan cocinas, el humo y el aceite ajarían su brillo tan frágil. Tampoco las verás cerca de los niños porque con sus manitas pueden tirar de ellas y romper su frágil hilo, los bebés pueden tragarse una cuenta perdida bajo el sofá, para ellos son peligrosas. Y en los trabajos que requieren fortaleza sobran también porque distraen. En los inviernos duros no tienen mucho que hacer, no les gusta lucirse sobre jerseys gruesos y odian pasar desapercibidas bajo abrigos y ropas de trabajo. En los veranos duros tampoco les gusta que el sudor pueda desvelar que su capa de esmalte es frágil, pasan de moda con facilidad.
¿Quienes son las perlas cultivadas?
Las perlas cultivadas tienen mayor longevidad que las falsas. Alguien se tomó la molestia de crear el ambiente adecuado donde pudieran crecer y formarse con un tamaño y forma adecuados. Alguien se encargó de alimentarlas y de pulirlas y cuando finalmente ven la luz y salen al mundo, lo hacen de forma discreta. Sus círculos son variados y ricos, si no en prestigio y dinero, al menos en diversidad, gustos y afinidades. Ellas si habitan en hogares donde hay niños, no necesitan pasearse todas las noches, les basta con un aniversario, un cumpleaños, un domingo de Iglesia. Las perlas cultivadas comprenden que no fueron hechas para divertirse todos los dias, y responsablemente saben guardarse de situaciones que las puedan dañar, y con sacrificio esfuerzo pero felices se contentan con pasar tiempo en sus cajitas, recordando el último día en que fueron escogidas y presentadas a amigos y familia, y anticipando la siguiente ocasión en que harán las delicias de quienes les rodean. Todas tienen una historia que contar, y la cuentan cuando el momento es oportuno. No pasan de moda, siempre tienen algo único, saben de donde vienen y son valoradas por varias generaciones.
¿Quienes son las perlas verdaderas?
Las perlas verdaderas son difíciles de encontrar. Tan es así que la mayoría nacen y mueren en lugares donde su existencia pasa desapercibida. Al nacer envueltas en situaciones difíciles y entornos peligrosos muchos las toman por desperdicios y ruedan de un lado a otro sin ser apreciadas. Las perlas verdaderas no saben quienes son o cual es su valor. Cuando alguien las descubre en muchas ocasiones terminan explotadas, obligadas a mostrar su belleza y cualidades en contra de su voluntad. Con gusto hubieran continuado al lado de sus compañeras las perlas cultivadas, sin mayor bombo ni platillo, viviendo felices cuando los ojos de un niño, o unas manos amigas son capaces de acariciar las arrugas de su piel y sentir la pureza y frescura de su interior. Son duras, resisten los temporales de la vida sin una queja, y viven y mueren y entonces, al paso de los años, alguien comenta que el viento de la memoria le susurra el eco de una perla que de niño conoció, ¿fue mi abuela, mi madre, mi tía? ¿O quizá lo soñé? Eso no importa porque donde quiera que vayamos viajan con nosotros en el corazón.

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